«En tiempos de ‘todología’ y última hora, conocer bien un ámbito concreto es un punto de valor»

Fernando Arancón el orden mundial

El Orden Mundial nació en 2012 como un blog destinado a hablar sobre política internacional, fue creado por chavales que comenzaban su vida universitaria. Seis años después, tienen más de 170.000 seguidores en Twitter y se han convertido en uno de los medios online especializados que más ha crecido y que mayor calidad ofrece en sus contenidos.

La profundidad de sus temas, unida a la forma en la que presentan los datos a hecho que, en palabras de sus director, Fernando Arancón, hayan pasado de ser un simple blog sin pretensiones a tener un espacio en Onda Cero con más de medio millón de oyentes y financiarse con crowdfunding.

En TreceBits hablamos con Fernando Arancón, director del medio, para que nos cuenten el estado de la difusión de la geopolítica en España, su andadura por Internet y cómo han conseguido posicionarse donde están ahora.

-¿Cómo nace El Orden Mundial?

El Orden Mundial (EOM) nace en el año 2012 como un simple blog sin mayor pretensión que explicar grandes temas que modelan el mundo de una forma sencilla y cercana al público general. En el fondo tenía —y todavía tiene— una gran vocación divulgativa.

Así, los primeros temas iban a explicar cómo funcionaba el comercio mundial, qué era la globalización o qué papel geopolítico tiene el Ártico. Lo cierto es que tuvo éxito desde el principio, los artículos se leían bien y el uso de imágenes, como gráficos o mapas, para complementar los análisis, le dio bastante tirón e hizo crecer a EOM.

-¿Cuántos integrantes hay en EOM?

En la oficina somos un equipo de siete personas: tres directores que gestionamos las principales áreas del medio, un editor, otra persona en comunicación y redes sociales y dos más en el equipo de Cartografía.

Pero esta cifra tiene trampa: en realidad nuestro equipo es mucho más amplio, ya que tenemos una red de alrededor de veinte personas colaborando con el medio escribiendo los análisis que se pueden ver en nuestra web. Al final la base del medio está en esa red de colaboradores; quienes estamos en Madrid no hacemos otra cosa sino gestionar todo ese volumen de contenido y llevar un poco el timón de la nave.

-¿Se dedican los miembros de EOM de forma exclusiva al medio?

Tristemente, no. Nuestros colaboradores están en su inmensa mayoría estudiando o trabajando —tanto en España como fuera del país— y su aportación a EOM es más altruista que transaccional. EOM tiene menos de un año como empresa, y menos de 6 meses desde que logramos sacar adelante nuestro crowdfunding con 40.000 euros. Aunque estamos pagando los artículos, hemos de reconocer que tampoco son cantidades astronómicas. Ojalá pudiésemos remunerarlos mejor, empezando porque es lo justo, pero nuestras capacidades económicas son aún precarias.

Peleamos por un modelo de suscriptores: es la única forma que tenemos de garantizar la sostenibilidad económica del medio sin comprometer nuestra independencia

Ni siquiera quienes trabajamos en la oficina tenemos una situación económica tranquila: nuestros sueldos son más simbólicos que dignos, y muchos de nosotros tenemos que hacer trabajos extra fuera de EOM para tener unos ingresos suficientes que nos den cierta tranquilidad.

Por eso peleamos tanto por un modelo de suscriptores: es la única forma que tenemos de garantizar la sostenibilidad económica a largo plazo del medio sin comprometer nuestra independencia. No queremos vendernos al primero que pase; queremos pelear por un contenido de calidad y un medio sostenible, no ya solo por un deseo personal, sino porque creemos que es posible y viable.

-¿Qué papel han jugado las redes sociales en vuestro crecimiento? ¿Cómo las usáis?

Las redes sociales han sido fundamentales, tanto por el impacto que tenemos a través de ellas como por la naturalidad con las que las utilizamos. El hecho de ser tan jóvenes —nuestro equipo tiene de media 25 años— hace que estemos totalmente habituados a utilizarlas y a entenderlas. No es una herramienta ajena a nosotros, generacionalmente hablando, como le ocurre a otras muchas empresas o personas. Al final cada una de ellas tiene un propósito concreto, o más bien una utilidad concreta para la marca y el contenido.

Facebook no es Twitter y esta tampoco es Instagram. Cada una tiene sus códigos, y adaptarse a ellos es fundamental. Un error que cometen muchas marcas es utilizarlas todas como si solo fuese una, y eso es un error. Facebook nos permite llegar a mucho público; Twitter nos deja jugar con la inmediatez e Instagram con un estilo más informal y desenfadado. Y las tres nos ayudan también a humanizar la marca.

Las empresas que impersonalizan su contenido —como si fuese poco menos que un servicio de atención al cliente— se pierden el poder generar una relación de cercanía y confianza con el público. Esto no quiere decir que se deba llevar la marca como si fuese un colega de toda la vida, pero sí nos es útil para salir de códigos formales, en los que tampoco estamos cómodos por nuestra juventud.

-¿Fue Twitter vuestra primera opción de promoción? 

Sí. Hay que tener en cuenta que el Twitter de hace años se parece poco al Twitter actual, tanto en formato como en el tono. Entonces era una red social más desconocida y más orientada al consumo de información, al estilo de un teletipo. Para el contenido que hacíamos era bastante acorde, ya que mucha gente tenía curiosidad por nuestros artículos, mapas y gráficos que íbamos subiendo. No podemos decir que nos haya ido mal cuando ya tenemos más de 170.000 seguidores.

Al final es saber adaptarse a las herramientas que tienes disponibles, porque al igual que al principio éramos recelosos del cambio en caracteres —pasar de 140 a 280—, acabamos comprobando que podíamos explicar mejor nuestro contenido y nos era más útil.

-El crecimiento desde vuestro lanzamiento en 2012 ha sido espectacular ¿esperaba EOM un crecimiento tan rápido?

La verdad es que no. Otros medios que se dedican a internacional están muy lejos de nuestra cifra de seguidores, y en general en España hay una cultura de lo internacional pobre: la política exterior y los temas internacionales hasta hace bien poco importaban poco o nada, y todavía hoy siguen teniendo una presencia muy baja en medios

El reflejo es que hasta esta década en España los estudios universitarios de temas internacionales se contaban con los dedos de una mano, y en la pública eran inexistentes. Por tanto, tener tanto éxito en lo que a priori podía parecer un erial ha sido un alivio para nosotros, porque también denota que poco a poco se comienza a generar un interés y el público empieza a tomar conciencia de que lo que ocurre en el mundo también acaba afectando a nuestra vida diaria.

-¿Es difícil pasar de ser un blog de información a un medio reconocido?

A veces da un poco de vértigo, pero también hemos aprendido a naturalizarlo. Al final es lo mejor. Sin pretensiones de ningún tipo, nuestro trabajo nos encanta y a la gente le gusta. Pues para qué queremos más. Luego tienes momentos donde ves el salto de forma muy evidente: el año pasado en mayo estábamos haciendo radio por hobby y nos escuchaban unos pocos miles de personas, y en octubre estábamos en Onda Cero con una audiencia de más de medio millón por programa.

Hasta que asimilas dónde estas —porque para la edad que tenemos y nuestros recursos, tanto familiares como actuales, estar donde estamos es un privilegio— siempre estás varias semanas con un poco de cortocircuito mental.

-La geopolítica es vuestra especialidad ¿es un tema que despierta interés en España?

Poco a poco, sí. Con las revueltas árabes de 2011 —y todo lo que vino después—, el conflicto de Ucrania, el auge de la ultraderecha o la victoria de Trump en Estados Unidos se ha ido generando cierto interés, porque hasta entonces era un tema que brillaba por su ausencia en España. Sin duda es un tema apasionante y que tiene enorme relevancia en nuestras vidas, y eso la gente lo ha podido ir comprobando.

No obstante, esto también ha tenido su cara B: conforme el tema se ha ido haciendo más popular, han aparecido discursos simplistas o carentes de sustrato que han sido comprados por medios o público, lo que también ha acabado por enfangar algo el terreno.

No es que esto sea tampoco una cuestión ideológica: hay analistas y medios, tanto de izquierdas como de derechas, que hacen magníficos análisis geopolíticos desde distintas perspectivas. Pero por medio también se ha colado mucho charlatán, igual que ocurrió con los primeros años de la crisis económica en España, que salían economistas y gurús hasta de debajo de las piedras que tenían la solución o explicación definitiva.

La geopolítica es una materia muy compleja, de la que hay que tener mucho conocimiento sobre multitud de cuestiones para poder llegar a conclusiones medianamente correctas. Por nuestra parte nosotros todavía decimos que aún estamos aprendiendo; en absoluto podemos afirmar que lo sabemos todo.

Poco a poco se comienza a generar interés en la geopolítica y el público empieza a tomar conciencia de que lo que ocurre en el mundo también acaba afectando a nuestra vida diaria

-¿Hay cultura sobre política internacional en nuestro país como la que hay en otros temas de actualidad como podía ser la política nacional?

No, pero ni siquiera desde las propias instituciones. La política exterior de España lleva siendo mucho tiempo un área de segunda categoría para el Gobierno, y en ningún momento se ha intentado promocionarla entre la ciudadanía. Ni siquiera las elecciones europeas generan un debate real y profundo sobre temas europeos, y a menudo estas elecciones se hacen en clave nacional. Son dos ejemplos que muestran que si en las cuestiones más formales no se tiene éxito, en las más informales el resultado es más que esperable.

España tiene un retraso gigantesco en el tema internacional en comparación con otros países —y en la cultura de lo internacional—. En inglés hay numerosos medios y revistas reputadas, pero también en Francia e incluso en Italia, que es un país que tampoco tiene una política exterior extremadamente ambiciosa. Y el potencial de España en este área es gigantesco. Una lengua con 500 millones de hablantes y que no tenga medios de referencia del tema internacional es cuando menos llamativo.

-¿Es la especialización la clave para destacar y ser un referente?

Diría que es una de ellas, sin duda. En tiempos de todología y del última hora, conocer bien un ámbito concreto es un punto de valor. El otro me atrevería a decir que es apostar incondicionalmente por la calidad. EOM, al final, también bebe de la crisis que han tenido muchos medios tradicionales. Cuando tratas a tu público de forma respetuosa y ofreciéndoles calidad es evidente que no vas a sacar una millonada en clics publicitarios, pero sin duda asientas una base mucho más duradera.

-Vuestro material gráfico -en especial gráficos e infografías- es propio ¿es importante producir material propio para destacar?

Propio o ajeno, al final es ofrecer algo distinto. Aunque así dicho parece muy obvio, nadie en español había apostado decididamente por los gráficos y los mapas como complemento a los análisis. ¿Para qué va a estar una persona leyendo dos páginas cuando puede ver un mapa que le explique lo mismo? ¿Qué sentido tiene tratar de explicar algo de forma escrita cuando en un gráfico queda mucho más claro? Al final es una combinación de optimizar tu propio contenido con una exposición atractiva de este.

-Vuestros artículos, a menudo, tratan temas desconocidos para la mayor parte de la sociedad ¿notáis un efecto llamada motivado por la curiosidad o por el contrario se consigue un público muy nicho?

La curiosidad llama bastante. También procuramos de vez en cuando salir de lo normal y buscar temas totalmente desconocidos pero que sean impresionantes. Probablemente nadie sepa que Comoras lleva 40 golpes de estado en unas pocas décadas, o que Nauru llegó a ser uno de los países más ricos del mundo y luego cayó en desgracia. Pues ahí están. El mundo es mucho más que Europa, Estados Unidos o los conflictos de Oriente Próximo. A nosotros nos gusta decir que no hay temas malos, hay explicaciones mal hechas; en infinidad de lugares ocurren cosas que merecen ser contadas.

-¿Asocian muy a menudo vuestro nombre a teorías conspiratorias del NWO?

Antes sí nos ocurría de vez en cuando, ahora ya no. En 2012 o 2013 nos pedían que hablásemos de los reptilianos, los Illuminatis y magufadas varias, pero supongo que a base de no hacerles ni caso y de que el propio medio se fue haciendo una imagen seria, esas asociaciones han dejado de hacerse con nosotros.

-¿Planes de futuro para EOM?

Lo cierto es que ahora estamos en una fase crucial. Acabamos de despegar en sentido económico —que no es cosa menor— y ahora estamos comprobando si el modelo que hemos planteado funciona y si realmente EOM es un proyecto sostenible económicamente. Por eso también hemos insistido mucho en hacer pedagogía del consumo de información en internet: si el producto no lo pagas, es que el producto eres tú.

Si queremos medios que puedan ofrecer contenidos de calidad y no se vean tentados a la publicidad o el clickbait, debemos ser conscientes de que hay que pagar por ese contenido. Los grandes medios internacionales como el New York Times, el Washington Post, Le Monde o el Financial Times ya han apostado por un modelo de suscripción, y les funciona. En España apenas se ha avanzado en ese sentido, y ningún medio grande ha dado el paso, aunque probablemente sea cuestión de tiempo. En EOM, mientras tanto, seguiremos haciendo lo que hemos hecho siempre y como lo hemos hecho siempre.

Juan Carlos Rubio

Periodista. Especializado en tecnología, economía y gastronomía. Videojuegos y política internacional.

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