Ana Bernal-Triviño: «Los algoritmos, el periodismo y la sociedad siguen siendo machistas»

Ana Bernal

ENTREVISTA a Ana Bernal-Triviño, periodista, profesora en la Universidad Oberta de Catalunya y colaboradora en medios de comunicación como «Público», «El Periódico» y el programa «La Mañana» de Televisión Española. Recientemente galardonada con el premio «Emilio Castelar a la defensa de las libertades y el progreso» por su labor en defensa de la igualdad, su último libro publicado lleva por título «No manipuléis el feminismo» (Espasa).

-Ana, ¿cómo ha cambiado Internet y las redes sociales el ejercicio del periodismo?

Creo que hay varios frentes: no nos ha cambiado solamente Internet, sino también han ido cambiando los soportes. Ahora tenemos que pensar cómo comunicar visualmente, teniendo en cuenta que el usuario estará frente a un ordenador, o con su tableta, o viendo los contenidos en su teléfono móvil. Internet supuso una revolución, pero el móvil ha provocado otra revolución no solo en cuanto a la visualización de la información, a cómo tenemos que mostrarla o cómo tenemos que redactarla, también reúne muchas de las cualidades de otras que nos han ayudado siempre en nuestra tarea en cuanto a organización y producción. Ahora mismo lo tenemos ahí, todo unificado, en nuestro teléfono móvil.

Eso por la parte un poco más tecnológica, pero creo que también nos ha cambiado en cuanto a las relaciones con los usuarios, ya que ahora tenemos más feedback sobre nuestro propio trabajo, no solo en Internet en general sino que también las redes sociales han provocado esa dinámica del cambio. También ha cambiado la relación con fuentes: su localización es mucho más inmediata y más abierta. Pero creo que no podemos olvidar que no todo es tecnología. Hay una dimensión ética y deontológica de la profesión que nunca puede caer en el olvido, que por muchas herramientas nuevas que aparezcan, siempre ha de estar ahí para mantener los principios de la profesión.

-¿La difusión de bulos a la hora de informar es una de las principales amenazas para la profesión, ¿de qué manera debemos actuar los periodistas para frenarlos y no darles mayor alcance?

Lamentablemente, creo que vamos tarde con el «factchecking», llegamos cuando ya se ha producido el bulo… y la manera de darle alcance es haciendo periodismo. Si hemos tenido que llegar a crear empresas periodísticas que se centren solo en contrarrestar el efecto de un bulo eso significa que el periodismo falla, que no lo está haciendo bien, porque el periodismo no debería dar cabida a la mentira o la desinformación. El periodismo falla porque estamos convirtiendo mentiras en noticia, que a veces proceden de las redes sociales, pero no siempre, porque a veces pueden venir incluso de lo que consideramos fuentes oficiales, por ejemplo fuentes políticas.

La manera de no darles mayor alcance es asumiendo esa parte ética de la profesión que comentábamos y teniendo claro que hay una línea roja que son los derechos humanos que no podemos consentir que sea vulnerada bajo ningún concepto. La propia libertad de expresión tiene su límite en esos derechos. Por otro lado, es necesaria una mayor formación de periodistas en cultura democrática y que se controlen esas fuentes a las que en muchas ocasiones se da espacio y pábulo cuando en realidad no tienen ningún tipo de autoridad ni representación.

El periodismo falla: no debería dar cabida a la mentira o la desinformación

-¿Cuáles son los principales errores que cometemos?

Creo que se sobredimensionan muchas veces algunos temas. Por ejemplo lo vimos con el 8-M, cuando no hubo ningún estudio científico que acreditara que esa celebración provocó el mayor contagio de COVID-19 y sin embargo no se está cuestionando con la misma intensidad la incidencia que pudo tener el transporte público o el ocio nocturno en esos días con millones de personas usándolo al día.

Por otra parte, también se recurre de forma intencionada a fuentes erróneas porque no interesa decir la verdad, sino construir una realidad interesada por parte de un medio de comunicación o periodista que tiene un interés detrás.

Y por último, la propia falta de memoria histórica del periodista, el error de copiar declaraciones de políticos entrecomilladas, como si lo que estuviera diciendo fuera una opción más, una alternativa… en lugar de hacer una interpretación, de condenarlo, de decir claramente que mienten, que está en una línea muy delicada que está a punto de vulnerar los derechos humanos.

-En tu libro te centras en la difusión de bulos machistas. ¿Por qué consideras que han aumentado en los últimos meses?

Claro que han aumentado y han tenido una mayor repercusión porque además se le ha dado un protagonismo excesivo en los medios de comunicación y se han incluido temas que ya estaban superados de nuevo en la agenda, cuestionándose otra vez desde la base y dejando espacio a la duda. En el momento en que se deja espacio a la duda es una auténtica victoria, porque el objetivo del bulo, del mito, insisto, es restar apoyo social a la víctima.

Además se ha legitimado a través de la política, y lo hemos visto con el aumento de bulos en las campañas electorales, y cómo se ha orquestado el machismo a través de las propias redes sociales. No es suficiente con hacer un factchecking y ponerlo en la web. Hace falta poner en evidencia esas mentiras y esas entrevistas en público.

Yo creo que hay también un error de base en el propio periodismo, que sigue siendo muy patriarcal, porque existimos infinidad de compañeras que somos feministas, que ejercemos un periodismo con perspectiva de género, que realizamos nuestras propias demandas y no se nos considera. Yo estoy cansada de hablar en tertulias en televisión y ver cómo todos los compañeros opinan sobre un tema relacionado con el feminismo sin tener ni idea. Sin embargo yo, que tengo como obligación y como compromiso, como mujer, feminista y periodista, de situar la realidad tal y como es y decirles que se están equivocando, al final me desautorizan. Eso tiene que ver mucho con que soy una mujer. No vale igual mi palabra. Con el paso del tiempo comprobamos que hay compañeros hombres que expresan la misma opinión que nosotras y entonces es cuando se considera que están en el camino cierto. Se considera más válida esa opinión que cuando yo, mujer, la expresé en un programa de televisión, una entrevista o un artículo de opinión.

El gran error es seguir siendo tolerante con el intolerante

En resumen, los bulos machistas siguen existiendo porque el periodismo sigue siendo machista y porque la sociedad sigue siendo machista. Lo que hay en el fondo, es machismo, y por eso aumenta y además la propia política, sabiendo que existe ese machismo de base, trata de rentabilizarlo y capitalizarlo.

-¿Es mayor la intoxicación o la desinformación?

En realidad una se alimenta de la otra. Son dos realidades que van de la mano y que en cierta medida responden más a una necesidad empresarial del propio periodismo que a las demandas de la sociedad. Los medios parecen tener una necesidad de ofrecer información las 24 horas del día y para ello convierten en noticia incluso lo que no es y rellenan páginas y páginas u horas de programación. No debería ser así, bastaría con ofrecer poca información pero profunda y de calidad. Al final, la desinformación solo se solucionaría con conocimiento y llevando a cabo un ejercicio de militancia informativa.

-¿De qué manera puede contribuir a evitar la difusión de bulos machistas?

Si un bulo se difunde es porque hay una complicidad, una red de personas involucradas. En primer lugar el emisor, que sabe que está lanzando ese mensaje con intención, y también por parte de los propios receptores: de los medios, la sociedad y cada uno de nosotros en redes sociales, porque el bulo no se condena de forma tajante en cuanto surge. El gran problema es que hay un deterioro de los valores y tampoco existe una cultura de los derechos humanos, que protegen la dignidad de las personas. Son muchos los que viven a costa de restar esa dignidad.

El bulo retira el apoyo social de la víctima, y en el bulo machista esto puede provocar que si se instalan en la sociedad ideas que son falsas en la lucha contra la violencia de género o contra la violencia machista en particular, la próxima vez que una mujer piense en salir de esa situación, no lo hará, porque sabrá que la sociedad no va a estar ahí para respaldarla, sabrá que va a ser cuestionada y que los medios de comunicación no la apoyarán. Esos patrones de ideas que va instalando el propio machismo en la sociedad lo que hacen es profundizar en la vulneración de los derechos de las mujeres.

Al final, esa propia irresponsabilidad de cada uno de nosotros al no parar de forma tajante esa situación, contribuye a prender una mecha de polarización, que aumenta el odio, y eso termina por configurar una opinión pública en contra de ese derecho humano.

El algoritmo, al igual que es racista, es machista

-¿Está la mujer más desprotegida que el hombre en las redes sociales? ¿Tienen responsabilidad en ello los algoritmos?

Es evidente. El algoritmo, al igual que es racista, es machista. Está construido con una visión muy predeterminada de normatividad. Las mujeres estamos más desprotegidas en la medida en que se toleran agresiones verbales, comentarios despectivos, insultos machistas de forma constante en las redes sociales. Estoy cansada de ver cómo hay hombres atacando a compañeras feministas a los que no se les cierra la cuenta, y estoy cansada de ver cómo compañeras feministas que se defienden de esas agresiones se les cierra la cuenta. Eso evidencia que estamos más desprotegidas.

El algoritmo es machista, no solo en las redes sociales. Por ejemplo, en procesos de selección en grandes empresas, se ha visto cómo el algoritmo da preferencia a los currículum de hombres, porque el algoritmo automatiza el proceso del propio machismo. La Inteligencia Artificial, el algoritmo, no está creado por generación espontánea y natural, sino que están creados por personas, por una sociedad machista. La tecnología no es neutra, la construyen personas. El propio algoritmo crea burbujas de filtros, de contenidos, de información, que personalizan lo que una persona llega a ver en las redes sociales dependiendo del comportamiento del usuario, por lo que una persona machista, que esté de forma constante acudiendo a fuentes machistas para informarse, al final solamente retroalimenta su propio consumo de información y no llega a contratar con otra realidad.

Todo eso suma y termina demostrando una mayor desprotección tanto a la mujer de forma individual en las redes sociales como en el conjunto intentando debilitar el movimiento feminista. Es muy fácil comprobar que el entorno feminista tiene una limitación real y potente, y trasladamos nuestras propias peticiones a las redes sociales, está visto cómo el propio machismo se articula en esas redes para intentar contrarrestar esa fortaleza que el propio movimiento feminista estaba teniendo en ese espacio virtual en el que se podían romper las barreras de distancia.

-¿Por qué España es uno de los países europeos en los que más noticias falsas se generan?

Es una buena pregunta. Eso nos debería hacer reflexionar a todos como país. Eso evidencia de forma tajante realidades que son incómodas pero ciertas: una falta de memoria histórica, de cultura democrática, de alfabetización mediática y de militancia informativa. El periodismo se olvida de la ética, deontología y los derechos humanos, y que no está al servicio del político que crea odio, enfrentamiento… debemos construir un periodismo de compromiso social y de búsqueda de soluciones y no hay otra alternativa. El hecho de que predominen todos esos bulos es porque crecen en esos espacios de ignorancia, de desconocimiento…

Si tuviéramos ese conocimiento, nos haría frenar en seco, de forma automática, ese tipo de errores. Si yo ahora mismo digo que hay una vaca volando, creo que todo el mundo sabe que las vacas no tienen alas y que por mucho que yo lo diga 27 veces, me dirán que no estoy en lo cierto. Sin embargo eso no pasa con otras realidades que son objetivas, que están contrastadas con datos oficiales, y que sin embargo se ponen en cuestión. Eso nos debe hacer reflexionar en cuanto a nuestra propia sociedad y nuestra madurez democrática e intelectual. Hay que hacer un ejercicio de responsabilidad profundo de cómo somos cada uno.

-¿De qué manera empleas tú las redes sociales? ¿Cuál es la plataforma que para ti resulta más útil?

Antes era más activa. He bajado mucho mi actividad, a lo mínimo e imprescindible, porque también he visto como una cierta competición por quién hace el titular más rompedor y a mí eso me desgasta. Si existe esa competencia yo doy un paso atrás, no tengo ninguna necesidad de protagonismo en las redes sociales y me baso en el mínimo, que para mí a día de hoy, se ciñe a publicar pocos tuits y hacer más retuits, dando más voz al resto de la gente. Básicamente comparto aquellos contenidos que hagan reflexionar y poner frente a la mirada de la sociedad la mentira y que le hagan cuestionársela, que reflexionen sobre los principios democráticos básicos y lo que nos estamos jugando. También valoro mucho en ello la forma de comunicar, que sea de forma eficaz y sin caer en ataques. La información puede parecer algo banal, pero es lo que nos articula como sociedad en cuanto a nuestros principios y valores y configura la opinión pública.

Actualmente, como veo mucho odio en la red social, sigo siendo más de Twitter. Para mí es la que recopila mejor el contenido informativo. No soy una persona que me guste mucho hablar de mí en las redes sociales, soy bastante «unselfie» y por ejemplo para mi Instagram es una red que me proporciona más evasión porque no veo tanto contenido de odio, pero la utilizo para difundir más contenido propio pero de entrevistas, de mis libros, de mis trabajos académicos… y de vez en cuando algo personal… pero no soy de selfies ni de lucirme mucho en las redes sociales porque soy periodista, no soy influencer, no tengo esa visión del uso de las redes. Obviamente las redes son mi marca, pero quiero que mi marca quede vinculada a información de derechos humanos, de reflexión, información crítica… intentando aportar que las redes sean algo mejor y con menos odio.

-¿Has llegado a sentirte acosada en las redes?

Sí, claro que sí. De forma muy evidente por machistas y también por compañeras que incluso se definen como feministas. Pero dice más de esas personas que de mí, así que duermo muy tranquila. He vivido situaciones muy delicadas en las redes sociales, con amenazas de muerte, he ido a conferencias con miedo, algunos que me enviaban la imagen de una guillotina, ataques sexuales bastante evidentes y todo eso obviamente provoca un desgaste emocional que me ha hecho estar menos en redes sociales desde hace tiempo. Es muy fácil exigir cosas cuando no das la cara, ni el nombre ni tus apellidos o ni te pueden esperar a la salida de tu trabajo o de una conferencia. En mi caso incluso investigaron la vida de mis familiares. Se habla mucho de sororidad pero en esos momentos yo me sentí muy sola, y como tal, me callé y me aparté.

En cierta manera, por ejemplo en Twitter, el hecho de poder verificar mi cuenta, introducir filtros, silenciar palabras… me ha relajado en cierta manera. Pero no tengo una necesidad de protagonismo en las redes sociales porque no vivo de ellas y por eso también he bajado mucho el acceso y la difusión, porque además hay una sensación de vigilancia con lupa y de acoso. Yo hace tiempo que me negué a compartir noticias de Vox. Lo mismo en unos días me acusan de ser de Vox por ello, pero no quiero que Vox me marque mi agenda feminista ni nadie. Yo seguiré difundiendo y publicando las agresiones machistas porque luego me dicen que la igualdad ya existe y siento que hay que seguir mostrando la violencia que, en sus múltiples formas, seguimos padeciendo aquí y en cualquier rincón del mundo por ser mujeres.

Manuel Moreno

Periodista y fundador de TreceBits. Consultor y formador en Social Media. Ponente y conferenciante. Profesor de redes sociales y periodismo 2.0. Colaborador en prensa, radio y TV. Autor de cuatro libros de Social Media. Más información en manuelmoreno.es

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