¿Qué son los NFT o «activos digitales intangibles»?

Meme gato

La reciente noticia de que se subasta el primer tuit de la historia de Twitter puede plantear la duda de cómo puede comprarse o venderse un tuit (o una imagen publicada en Instagram o un vídeo subido a TikTok)… es decir, cómo pueden comprarse cosas que no podemos tocar ni recibir. Dado que están de actualidad, es el momento de conocer qué son y cómo funcionan los NFT o non fungible tokens.

Conferir valor a un cuadro o una escultura y que esta pieza tangible de arte se subaste y pase a tener un propietario es algo que precisa de poca explicación, más allá de la subjetividad y la variabilidad en cuanto al valor que se le atribuye a la posesión de dicho objeto, pero todo resulta algo más complicado cuando ese activo no puede tocarse y además cuando por sus propias características resulta reproducible con facilidad.

La escultura del David de Miguel Angel puede replicarse con la máxima exactitud hasta el punto de resultar indistinguible del original, pero no tendrá ni su antigüedad ni su autoría, habrán intervenido otras manos y carecerá de la historia de la escultura expuesta en Florencia. Con un contenido digital es incluso más complicado atribuir esa singularidad. Un MP3 de una canción sí puede ser completamente indistinguible a todos los efectos del primer archivo que se obtuviera de la grabación original, pero la atribución a la que se le puede otorgar un valor es a la inscripción de la titularidad del mismo, es decir, que en un registro conste quién es el propietario del archivo original. Y luego quedaría la cuestión de que esa titularidad tenga un valor y el mismo se traduzca en la cantidad de dinero que alguien esté interesado en pagar porque sea su nombre el que figure en ese registro de propiedad.

Sin entrar en la cuestión más compleja de la atribución cultural del valor por razón de confianza universal (el oro es valioso porque decidimos que lo sea, el Bitcoin es valioso porque decidimos que lo sea), en el caso de los NFT se haría la traslación de la convención del valor desde un activo tangible (un lingote de oro, una escultura, un coche, una casa…) a uno intangible y reproducible sin merma del original (un tuit, un MP3, una skin de un videojuego…).

Esto explicaría que un meme en estilo retro de gráficos de 8 bits como el del célebre gatito que vuela dejando un rastro de arcoiris se convirtiese en una pieza de coleccionista aunque cualquiera pueda usar la imagen: un registro en Blockchain, de inscripción inmutable e inalterable, recoge que el meme original tiene un propietario que ha pagado una cantidad por ese derecho de propiedad y, como si se tratase de las escritura de una vivienda, podría vendérselo a otra persona que le confiere valor a esa propiedad y está dispuesta a pagar la cantidad en la que ambas partes convengan.

Dicha transacción quedaría recogida también en esa parte esencial del mercado de los NFT que es el registro distribuido basado en la tecnología Blockchain y aunque cualquier pueda replicar ese meme (o ese tuit, o ese MP3) sólo habrá un único propietario del archivo original). La gran ventaja de este sistema es que resulta extremadamente sencillo demostrar la propiedad de un NFT precisamente por la descentralización de los registros en Blockchain y la fiabilidad en la verificación de la integridad de su contenido.

Por diferenciar de quien «compra» online una canción o una película, con un NFT sí se es realmente el propietario absoluto de ese contenido, mientras que en el caso de  los contenidos lo que se adquiere es la licencia para su reproducción, pero no la titularidad del contenido. En el primer caso se es propietario, en el segundo se es usuario.

La variedad de estos NFT (en ocasiones referidos simplemente como tokens) o activos intangibles es enorme y además creciente, beneficiándose también del auge de las criptomonedas, puesto que el mercado de NFT suele valerse de las criptodivisas como medio de pago. De ahí que el mercado sea altamente dinámico (también muy volátil) y en la actualidad se encuentre en plena fase de expansión con la más diversas de las variedades posibles en cuanto a qué se puede comprar y vender, siendo especialmente el mundo del arte donde más atención está suscitando.

Antonio Rentero

Comunicador especializado en tecnología y cine. Jurista especializado en protección de datos. Curioso especializado en prácticamente todo.

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