«Los blogs son el headhunter más brutal que ha existido nunca»

ABEL PAPPARAZZIENTREVISTA A ABEL ARANA, autor de «La Columna de Abel Arana», especialista en comunicación 2.0, ex-community manager de La Noria en Tele 5, embajador virtual de marcas… y mil cosas más.

Asegura Abel Arana que sus followers «son una especie de madre virtual que le ponen freno a veces», cuando se pasa… pero quienes seguimos su cuenta de Twitter o su blog, sabemos que no siempre pueden. Y eso es bueno, porque Abel dice las cosas como las piensa, ha hecho de su Columna de Abel Arana su propio medio de comunicación, su propia carta de presentación.

Resulta imposible no preguntarle por su etapa de responsable de redes sociales del programa de televisión La Noria, pero Abel es mucho más que una persona vinculada a un programa de televisión al que se puso punto y final con polémica.

Abel es una persona que entiende la comunicación 2.0 con un estilo personal y bastante comprometido, que apuesta por el futuro de los blogs, que conoce cómo sacarle partido a Twitter y que sabe que Internet, ante todo es un medio que no puede ser más enriquecedor, tanto para el informador, como para el lector.

-Abel, has pasado por grandes medios, tienes un blog popular, colaboras con diferentes webs y… hasta has llevado las redes sociales en La Noria de Telecinco. Cuando pensabas de pequeño en el arte de comunicar… ¿pensaste alguna vez en que acabarías ejerciéndolo de esta manera?

– En absoluto, y creo que eso es lo mejor de todo. Desde el nacimiento de Internet, la manera de comunicar, de mostrar la información vive en una mutación constante. Y esto es muy enriquecedor, ya que debemos adaptarnos y aprender a comunicar con los nuevos formatos que surgen cada día. Comunicar es esencial para mí y las redes sociales son un verdadero milagro al que estoy más que agradecido. No sólo puedo comunicar, sino que además puedo interactuar a tiempo real con la gente que me lee. Más enriquecedor no puede ser.

-¿Cómo nos ha cambiado Internet la manera de comunicar, de ejercer el periodismo, si es que todavía puede llamársele así?

– Nos ha cambiado más en la forma que en el fondo, contar la verdad siempre será contar la verdad. Ahora es todo infinitamente más inmediato, y en la mayoría de las ocasiones más ¿veraz? Te pongo un ejemplo: pienso que la gente ya no confía en los medios de comunicación “establecidos” y demasiado posicionados ideológicamente  y quizá es por “culpa” de redes como Twitter donde se puede organizar una convocatoria ciudadana en cuestión de minutos, lo cual me parece genial.

Cualquiera sabe que las grandes cabeceras o monstruos mediáticos responden a algo más que a la propia información. Hay ciertos intereses que todos conocemos. Sin embargo, un señor que hace una foto con su teléfono y la sube a Facebook o Twitter no puede estar ni mintiendo ni exagerando (en la mayoría de los casos). Lo que sale en la foto es lo que está pasando.

Y pienso que los periódicos, incluso en sus ediciones digitales (por ejemplo) han perdido una gran parte de su poder mediático debido al hecho de que ya ni son tan rápidos ni tan fiables. Y qué conste que soy un ávido lector de periódicos en papel. Desayuno todos los días con El País y El Mundo. Y si quiero echarme unas risas tremendas, me leo La Razón, ese festival del humor.

-¿Está en Internet el futuro de los comunicadores, ante la delicada situación que vive el periodismo?

– Absolutamente, pero no solo el de la comunicación, el cine o la música ya existen más en Internet que en otro formato. Desde que tuve mi primera cuenta de mail hace muchos años  asumí que Internet era el futuro por narices. Por eso puse mucho más empeño en crear mi medio de comunicación que en trabajar para otros.

Hace falta paciencia, mucho espíritu de sacrificio y asimilar que las vas a pasar muy canutas (económicamente hablando) hasta que consigas una audiencia más o menos fija. Quizá es porque yo soy muy cabezón, pero día tras día he ido currando el blog y tímidamente (muy tímidamente) desde el año pasado comienza a dar sus frutos. Por supuesto que NO puedo mantenerme con el blog, aún no. Pero espero que llegue ese día. El futuro es siempre eso, en el futuro -y no soy Sandro Rey (jajaja) creo que la comunicación será la misma, e incluso crecerá, pero online más que en papel. Y que conste que la comunicación es siempre comunicación. El medio no importa, importa el mensaje.

-Hay quienes aseguran que los blogs están muertos. ¿Estás de acuerdo?

– ¿De verdad hay alguien que dice esto? Estoy en desacuerdo absolutamente. Los blogs son una herramienta maravillosa de comunicación por la versatilidad del concepto y el headhunter más brutal que ha existido. Hay millones de blogs pero pocos triunfan, y es que el público elige con un click. Uno puede tener un ego blog, un Fashion blog, un outlet de noticias (como el mío), un rincón del coleccionista… el mundo del blog está más en auge que nunca porque la gente cada día se anima más a tener uno propio, y eso enriquece una barbaridad.

-¿Cómo de viva está la Columna de Abel Arana?

– Afortunadamente a tope, vivísima jajaja. Sigue creciendo poquito a poco, con mucha regularidad y sin sobresaltos que es lo que me gusta. Nunca ha sido un boom mediático ni lo será. El concepto es casi siempre contar las cosas con humor, a carcajada limpia (aunque a veces sea de espanto) y de vez en cuando postear alguna cosita seria. Solo pretendo entretenerte, sorprenderte y que pases un ratillo animado. Como una película de palomitas que sales del cine y ya se te ha olvidado pero lo has pasado pipa. Mi blog no tiene ninguna trascendencia más allá de la de divertir en estos tiempos tan jodidos.

-¿Internet invita a ser más canalla, a perder la vergüenza y poder decir lo que se piensa?

– Obviamente sí, pero hay que marcar unos límites, no todo debe valer. Hace tiempo me llamaron de un programa de televisión de una de las grandes cadenas. Querían trasladar el blog como sección a un programa realmente famoso. Y en la primera reunión me dijeron “mira Abel, que es muy gracioso tu blog pero en la tele no puedes decir esto, o meterte con esta o…”

Por eso, ser tu autoeditor en tu medio de comunicación digital supone que la censura es la que tú te impones con lo bueno y lo malo que esto tiene. Yo soy canalla por naturaleza y siempre me he reído antes de mí mismo (con esta cara no es difícil) que de los demás. Cierto es que a veces me paso de burro, y los lectores y followers me paran los pies inmediatamente. Y no sabes cuánto lo agradezco. Son una especie de madre virtual que me pone freno.

-¿Y las redes sociales? Algunos las miran con recelo, ¿se está en el ojo del huracán por estar en ellas?

– Cada vez más. Destacar en las redes sociales es casi lo mismo que salir en televisión. Es un arma de doble filo. La gente debería comprender que uno es mucho más que lo que cuenta en Twitter o presenta en la tele. No todo el mundo lo entiende así, desgraciadamente. En lo que a mí respecta, hasta el momento, este “estar en el ojo del huracán” me ha traído muchas más alegrías que otra cosa. Pero claro, en las redes sociales yo cuento poquísimo de mí, soy muy pudoroso, eso al margen de que no creo que mi vida sea interesante o no sienta la necesidad de compartir las fotos de mis últimas vacaciones…

-¿Hay un precio que hay que pagar si se quiere estar en las redes sociales?

– Depende. Yo estoy satisfecho. Pero por que lo mío ha sido muy poco a poco y he tenido tiempo de ir asimilándolo. Me empecé a dar cuenta cuando L’Oreal me ofreció ser embajador de Kiehl’s en España. Cuando les pregunté por qué, me dijeron que su agencia de comunicación me consideraba un líder de opinión. Aquel día me fui a casa rascándome la cabeza y sin saber muy bien qué quería decir aquello.

Hoy trabajo para grandes clientes y agencias con mucho orgullo asesorándoles sobre su presencia en redes sociales e incluso haciendo de “content curator”, creando un universo virtual alrededor de la marca. Ellos confían en mí y yo trato de amplificar con mi estilo su producto. La última experiencia ha sido presentar la “blue carpet” de Ballantines y El Plan B de los Premios 40 Principales para todo el mundo en Twitter. Un trabajo en el que he disfrutado y la repercusión para la marca ha sido enorme… ¡he salido hasta en Perez Hilton con Taylor Swift! (risas)

-¿Qué aprendiste de las redes sociales en tu paso por La Noria?

– Que la tele es un trabajo muy serio y muy duro que sale adelante gracias a un gran equipo. Un equipo visionario (sobre todo Roberto, el director y Jordi, el presentador) empeñado en llevar el mundo Twitter a las casas y a lo grande. Fue extremadamente gratificante pero asustaba.

Imagínate, pasar de estar tuiteando en casa a meterme en casa de la gente los sábados por la noche en el programa de más audiencia. Como soy bastante inconsciente, ni me lo pensé. Y hoy en día estoy absolutamente orgulloso. Con “La Noria” aprendí a debatir temas sobre los que yo, por ejemplo, nunca hubiera debatido, desde los lesbianismos de Bárbara Rey hasta la dieta Dukan.

Aprendí interactuando con tuiteros que en absoluto tienen el perfil de mis followers. Era como ser el anfitrión de una fiesta con millones de personas a las que no conoces de nada. Y al final, se aprende mucho. Y fuimos los primeros en un canal de los grandes en enseñar a una audiencia de edad avanzada (el target de “La Noria”) a ser partícipes de las redes sociales.

-¿Acabaron las redes sociales con el programa?

– Por supuesto que no. No me quiero pronunciar sobre el tema por una cuestión de educación, pero en mi cabeza está absolutamente transparente quién lo organizó y cómo se organizó. Solo hay que bucear un poco en hemeroteca para comprender quién realmente estaba detrás de una “histeria social masiva” perfectamente organizada.

-¿Cómo puede la televisión beneficiarse de las redes sociales? ¿Cómo debería usarlas y aún no las utiliza?

Pueden y deben interactuar con el espectador a tiempo real. Pulsar la opinión de la gente que te está viendo no sólo aporta, sino que enseña y enriquece tu programa. Cuanto más escuches a tu audiencia, más les vas a molar. Y además se crea un sentimiento de comunidad, lo que me parece excelente.

Me sorprende la poca interactuación de grandes formatos que tienen cuentas en redes sociales pero no saben cómo trasladar esa realidad a la pequeña pantalla. Y mira qué es fácil. Simplemente se trata de trasladar un “teléfono de aludidos” a una “red de aludidos”. Y ya.

-¿Cómo las utilizas tú? ¿Para qué?

Las utilizo profesionalmente, es decir, para comunicar. Hace años tuve un Facebook personal. Ya no. Un día iba por la calle con mi pareja y alguien me hizo una foto con un móvil y decidió colgarla en Facebook (etiquetándome) y en Twitter. Aquello me dio un poco de miedo sobre todo por mi entorno, que yo asumo mi curro y sus consecuencias. Ni soy famoso ni aspiro a ello. Por eso, desde entonces me limito a ejercer mi oficio gracias a las redes sociales pero guardarme mi vida para mí mismo. Vamos, como todo hijo de vecino.

De verdad no entiendo esa actitud 24 horas al día de “me tiro un pedo” y lo cuento a tiempo real y con una foto del pedo pasada por un filtro vintage de Instagram que queda muy hipster. Quizá es que c0mo me paso el día contando cosas, no tengo la necesidad imperiosa de decir cuándo me lavo los dientes. Eso sí, me parece genial quien lo haga. Simplemente no va conmigo.

– ¿A quién sigues?

– Muchos medios de comunicación nacionales e internacionales y, sobre todo, gente anónima con ingenio. Es alucinante la cantidad de gente con talento y cosas que decir que hay por el mundo. Famosos, lo que es famosos, la verdad es que muy poco. Además, teniendo en cuenta que a la mayoría les gestionan las cuentas, pues ya me dirás. La gente “anónima” siempre es mil veces más interesante, más real, más coherente, más de todo. Imagínate seguir el Twitter de Britney Spears o Mariah Carey… a no ser que se estén estudiando patologías clínicas, no lo pillo.

– ¿Hay demasiadas estrellas en Twitter? O todavía necesitamos más luz…

Nunca es bastante. Siempre hay una oportunidad de brillar. Es necesario seguir investigando, seguir leyendo y seguir descubriendo. Para mí Twitter es una fuente incesante de descubrimientos.

Te lo decía antes y lo repito, gracias a Twitter leo a gente anónima que en mi vida hubiera podido conocer y, sin embargo, me aportan mucho con sus tweets o sus posts. Como diría José Luis Moreno, es un “no parar de estrellas”. Y eso sólo puede ser bueno.

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Manuel Moreno

Periodista y director de TreceBits. Experto en Redes Sociales, Internet y Tecnología. Formador y conferenciante. Colaborador en prensa, radio y TV. Autor de cinco libros de Social Media. Más información en manuelmoreno.es

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