Hay muchas personas que, aunque no dejen el móvil cargando todo el día, si que dejan el cargador pegado a la toma de corriente. Es un hábito común: está el móvil cargando, se recoge el smartphone para salir a trabajar o a cualquier lugar y se deja el cargador conectado, para que así cuando sea necesario volver a cargar el dispositivo tan sólo haya que conectarlo al cable y listo.
Sin embargo, dejar el cargador del móvil siempre enchufado no es una buena idea, y puede tener consecuencias negativas, como vas a comprobar en este artículo.
Inconvenientes de dejar el cargador del smartphone siempre conectado
Dejar el cargador del smartphone siempre enchufado tiene una serie de desventajas, que son las siguientes:
-La carga fantasma. Si está enchufado a la corriente, el cargador sigue recibiendo energía, aunque el smartphone esté en tu bolsillo y, quizá, a algunos kilómetros de distancia. Esto va a afectar más de lo que piensas a tu factura de electricidad, puesto que estás realizando un consumo.
Aunque sea mínimo -como cuando dejas otros dispositivos en ‘stand by’, como televisores u ordenadores portátiles- esa carga residual también tendrás que pagarla a final de mes.
De hecho, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE), el importe de tu factura podría verse incrementado entre un 8 y un 12% en función de los dispositivos que mantengas conectados a la red. Este incremento, en una factura media de 50 euros, podría suponer acabar pagando hasta 58 euros en su lugar. Parece que no, pero al final del año son casi 100 euros de diferencia. ¿A que sí importa?
-Sobrecalentamiento. El cargador del móvil se puede sobrecalentar por el exceso de energía que está recibiendo. Esto no sólo puede suponer un peligro por si solo, sino que además, también podría afectar al teléfono móvil cuando lo conectes, ya que el calor excesivo podría dañar componentes internos del smartphone, como la batería e, inclusive, el procesador.
-Mal funcionamiento. Por otra parte, dejar el cargador enchufado también supondrá que se desgaste más, porque será como si el dispositivo «estuviese siempre trabajando». Esto lo expone a sufrir alguna avería más fácilmente, por el exceso de uso, y también se reducirá su expectativa de vida útil, antes de que deje de funcionar.



