Marc Vidal: «Iremos a trabajar sólo para aprender de las máquinas»

Marc Vidal

¿Cómo cambiará nuestra vida a corto plazo? ¿De qué manera los avances tecnológicos modificarán las relaciones laborales e incluso la forma en la que nos relacionamos? Marc Vidal acaba de publicar el libro «La era de la humanidad» (Deusto), en el que aborda, de una manera realista, las disrupciones que nos esperan en los próximos años. Todo cambiará, incluso la forma en la que se escriben los libros. El autor ya lo reconoce, en el próximo, contará con apoyo sintético.

-Habla en el libro “La era de la Humanidad” de la quinta revolución industrial, pero avanza la tecnología tan rápido que… ¿no estaríamos ya en ella?

-La Quinta Revolución Industrial es un concepto, una excusa para entender que cada revolución tecnológica es factible de afrontarla con algo de previsión. No obstante, no nos hemos dado cuenta, pero ya estamos con el tema encima de la mesa. La quinta revolución industrial tiene un punto de enlace directo, y es la singularidad. Hay más, en el libro los explico. Pero centrémonos en este. La singularidad no se alcanza de golpe o sin previo aviso.

Según el MIT, los grupos de análisis de estrategia de futuro de Google y algunos pensadores pos humanistas, esa singularidad tendrá varias fases de implementación. La primera, la que veremos antes que otras, será la fase en la que los ordenadores alcanzarán un nivel de computación que asemejará las funciones del cerebro humano. Eso puede pasar entre 2025 y 2029. La quinta revolución industrial contrastará con las tendencias de la cuarta revolución en términos de deshumanización.

El futuro del sector financiero no es el fintech, ni el blockchain, ni las oficinas virtuales, ni la inteligencia artificial. El futuro es la humanidad. Los robots ayudarán a los seres humanos a alinear los rendimientos de la inversión con el propósito. Se tendrá que diseñar una ética capaz de conjugar la intención. Por otro lado, y con toda seguridad, cerraremos de una vez por todas la brecha de género, enfocaremos el reparto más equilibrado de la riqueza mediante modelos fiscales seguramente.

-Cuáles serían las características básicas de esta nueva revolución industrial y tecnológica?

-La quinta revolución será conocida como la revolución de la sostenibilidad digital. Y eso tiene mucho sentido. Aun no habiendo sido asimilada la cuarta revolución industrial por los ciudadanos, las empresas y las instituciones, a través de nuevas tendencias en la evolución del hombre se anuncia la llegada de la quinta revolución industrial, la cual traerá consigo nuevos procesos, tecnologías y desarrollo orientados a mantener el valor de los productos y servicios el mayor tiempo posible, minimizando el desperdicio de materias primas, recursos y energías por ejemplo. De alguna manera hablaremos de la ‘Internet de la Energía’ o algo parecido.

Si en 2003 le hubieras explicado a alguien qué iba a significar Facebook, se habría reído a carcajadas

La quinta revolución industrial se caracterizará por la integración económica de todos los servicios productivos, la integración social con base en una planificación social y política que reduzca las brechas sociales y la integración medioambiental que reduzca la huella ecológica humana. Todo bajo la atenta mirada de un modelo de inteligencia artificial infinitamente superior al actual.

-¿De qué manera está afectando toda esta transformación al mundo de la empresa?

-Según uno de los estudios más interesante sobre esta etapa de la ‘historia del futuro’, el «Welcome to Industry 5.0», publicado por Universal Robots, la industria 5.0 entregará los planos y la claves para que los seres humanos recuperemos nuestra capacidad para establecer los límites. La industria 5.0 se focaliza en la colaboración entre máquinas y nosotros para mejorar la productividad y la eficiencia. Por eso es importante entender que esa idea de la empresa 5.0 no es más que un aviso, un espacio de redacción de una hoja de ruta para enfrentarse a un mundo exponencial, cambiante y, a la vez, fascinante.

Las empresas hoy deben afrontar todos estos cambios desde cuatro claves: ofrecer productos o servicios a clientes que ofrecen datos sobre lo que quieren, colocándolos en el centro de la cadena de valor de lo que vendemos. Una segunda clave trata de cómo hacemos eficientes los procesos, no sólo automatizando o digitalizándolos, sino obteniendo datos de cada parte de ese proceso para modificarlos a tiempo real.

La tercera es sin duda la más interesante desde el punto de vista de resultados. Se trata de modificar negocios, de generar nuevos modelos de negocio que asuman un nuevo cliente y una incorporación tecnológica a lo que ofrecemos. No se trata de buscar nuevos clientes para lo que ya vendemos ni vender cosas nuevas a los clientes de siempre, se trata de buscar un nuevo tipo de cliente a quien ofrecer algo que ahora no hacemos. Y finalmente, la más disruptiva. Se trata de saber qué habilidades tienen que desarrollar nuestros trabajadores. Qué nos hace únicos, qué talento valdrá más que la propia tecnología. Hablamos de aquellas habilidades que al no poder ser automatizadas tendrán un valor incalculable.

-Cambian los negocios, cambian los clientes… ¿de qué manera cambiamos como consumidores?

-Ya hemos cambiado. Vamos a poner un ejemplo en un sector en el que el consumidor es extremadamente relevante. El retail del futuro inmediato tiene que ver con un cliente inédito en cuanto a su capacidad de influencia, comprometido con el medio ambiente y que exigirá inmediatez y transparencia. Un cliente, un consumidor que ha variado el modo en el que se acerca al comercio. De hecho, el 45 por ciento de los centros comerciales ha perdido clientes, incluso en la campa a de Navidad. En el pasado 2018 cerraron 3.500 sólo en Estados Unidos por ejemplo. ¿Van a desaparecer los centros comerciales? No necesariamente pero la crisis de los centros comerciales, que ya es muy visible en Estados Unidos y otros países, precisa adaptarse para entender a ese nuevo cliente. Un cliente que no quiere ir a tu tienda por eso tu tienda debe ir donde él está.

La satisfacción del cliente siempre ha sido el objetivo número uno para los minoristas, y, en el futuro, los clientes tendrán más poder que nunca para impulsar el cambio que desean, a medida que obtienen un mayor control sobre su experiencia de compra. La tecnología móvil y la analítica modifican el histórico compromiso entre precio y servicio, que se ha visto alterado debido a que los clientes esperan reducir su tiempo de compra pero a la vez disfrutar de esa experiencia exprés mientras ahorran dinero.

El consumidor del futuro cumplirá con sus compras bá sicas diarias del modo más sencillo posible a través de una combinación de tiendas, comercios electrónicos, recogidas, entregas y capas de inteligencia artificial ofreciendo servicios predictivos. Los clientes exploraran en las tiendas, incluso con realidad artificial o aumentada, pero seguirán visitando centros físicos. El problema es que esos centros físicos deberán de ser muy distintos a los actuales, y deberán estar estimulados por la internet de las cosas, los sensores adaptados, la trazabilidad transparente, los datos en tiempo real y los robots de entrega. Si nos ponemos a hablar de la impresión 3D por ejemplo, la cosa aun va más allá.

-Y la manera de trabajar… ¿cómo será el empleado de dentro de unos años?

-Ahí la cosa va a cambiar mucho. Seguramente, en el futuro inmediato, iremos al trabajo a aprender casi todo el tiempo. A aprender a preguntar cosas. A aprender a entender cómo funciona el software que hace el trabajo que hacíamos nosotros hace un tiempo, para que, aprendiendo, logremos que aún lo haga mejor cada vez. Las máquinas de inteligencia artificial son muy buenas respondiendo preguntas, pero no tanto haciéndolas. De ahı́ que, si somos cada vez más capaces de cuestionar mejor a esas máquinas, ellas nos responderán de un modo más útil. Iremos a trabajar pero só lo para aprender de ellas, para conocerlas mejor y para poder definir cada vez mejores preguntas.

Ese empleo es el verdadero empleo del futuro, el empleo y la vida de la que, en el próximo capítulo, llamaremos quinta revolución industrial. Para ver hacia donde va nuestro puesto laboral es bueno hacer un ejercicio. Pregúntate cuando llegues a tu oficina o a tu taller, cuantas cosas de las que harás en tu jornada laboral ese día, dentro de cinco años las hará un software, un robot, estará automatizado o tu intervención no será necesaria. Aquello que sea sustituible lo será, pero también descubrirás que cosas no lo serán y esas serán la clave de tu empleo futuro. Desarrollemos esas habilidades.

-Parece el argumento de una serie al estilo de «Black Mirror», pero… ¿habrá cambiado todo en menos de 10 años, antes de que nos demos cuenta? ¿Somos conscientes?

-La aceleración real de esa mutación social y económica está por ver si se está produciendo como la estamos percibiendo, pero que está sucediendo es una obviedad. Las cosas están cambiando y rápido, es evidente. No obstante, cómo y dónde se producirán esos avances es la clave. En apenas 15 años hemos vivido más innovación que en los 150 anteriores, y en ese siglo y medio, más que en 150.000 años. Como bien ha dicho Thomas Friedman en «Gracias por llegar tarde»: «Vamos a ver más cambios durante los próximos veinte años que los que hemos visto durante los últimos doscientos».

En apenas 15 años hemos vivido más innovación que en los 150 anteriores

En tres lustros hemos avanzado más que desde que los neandertales se patearan el sur de Europa en busca de cuevas donde cobijarse. Sin embargo, aún quedan zonas en este mundo que parecen ancladas en el Neolítico…, en lo tecnológico, en lo político y en lo social. El desequilibrio en esa innovación es lo que vamos a ver como se modifica. Un futuro sin previsión, puede ser demoledor, pero una estrategia desde las instituciones, desde la empresa y en lo íntimo, personal, puede entregarnos un futuro brillante como especie.

El asunto radica en cómo vamos a preparar en los próximos 10 o 15 años el mundo en el que vivimos para afrontar el mayor reto jamás visto: esa llegada de una especie sintética, robótica y muchísimo más inteligente que nosotros, pero que si la usamos correctamente, nos va a permitir vivir mejor, dedicarnos a ser más humanos y a no hacer cosas que un robot siempre hará mejor que nosotros y hacer cosas que un robot nunca podrá hacer, y te aseguro que esas cosas son las más divertidas.

-¿Y como podemos hacer para adaptarnos a tanto cambio? ¿Qué tenemos que cambiar en nuestra forma de pensar?

-Tal vez, el meajor modo es ir revisando el presente y sus derivadas para afrontar con garantías los próximos cinco o seis años; en ese plazo, lo que puede afectarnos ya puede estar creándose en algún garaje, pero lo que afectará a nuestros nietos no lo sabe nadie. Una cosa es deducir y otra predecir. Prefiero concretar en lo que está pasando y lo que nos va a pasar en muy breve espacio de tiempo porque es muy complicado saber que pasará y cómo tenemos que prepararnos para algo más lejano.

Piensa en que si en 2003 le hubieras explicado a alguien qué iba a significar Facebook, se habría reído a carcajadas o en el no tan lejano 2005, pocos medios de comunicación entendieron la que se les venıá encima con las redes sociales. Ahora es difícil saber dónde está la próxima disrupción o qué tecnología la va a provocar. En todo caso, lo interesante para cualquiera es estar en formación permanente, en ponernos en modo ‘beta’ constante. Aprender es la clave y no dejarlo de hacerlo nunca.

-¿Cambiará también la manera de comunicarnos y relacionarnos entre las personas? ¿De qué manera?

-Tengo la impresión que se va a modificar en el modo no en el fondo. Se hablará de tecnologías inmersivas mucho más que ahora. Las plataformas de conversación, que cambian la forma en que los usuarios interactúan con el mundo, las tecnologías como la realidad aumentada (RA), la realidad mixta (RM), la realidad virtual (RV), y todas las que cambian la forma en que los usuarios perciben el mundo, conducirán a una nueva experiencia inmersiva como nunca antes. El límite espacial no eliminará el contacto casi real. Lo vemos ya en avances en medios de comunicación, en entretenimiento y en relaciones sociales, pero lo que viene es absolutamente brutal, estoy seguro.

He visto cosas que no creerías. Proyectos y prototipos que te dejan totalmente helado por lo que van a poder suponer. Cada vez será más difícil gestionar lo virtual y diferenciarlo de lo real. Para el año 2022, el 70 por ciento de las empresas experimentarán con tecnologías inmersivas para uso de los consumidores y usuarios. El futuro de las plataformas de conversación, que van desde asistentes personales virtuales hasta chatbots, incorporará canales sensoriales expandidos que permitirán que la plataforma detecte emociones basadas en expresiones faciales, y se volverán más conversacionales en las interacciones. Cada vez costará más identificar un sistema experto artificial de una persona. Para lo bueno y para lo malo.

-¿Y la de abordar una entrevista? ¿Y la de escribir un libro?

Mi próximo libro tendrá apoyo sintético. Un desarrollo inteligente me ayudará a localizar muchos de los elementos que ahora yo busco para sumar al contexto. No escribirá pero si me facilitará la escritura en una dimensión que ahora no imagino. Las herramientas del futuro me permitirán visitar lugares interesantes para el libro, conversar con personas que ya no viven gracias a réplicas conversacionales, etc.

La entrevista me propondrás hacerla en cualquier lengua a tiempo real aunque no conozca ese idioma y compartiendo el mismo espacio aunque vivas a miles de kilómetros de donde se va a producir. Creo que va a cambiar mucho el modo y tal vez menos el fondo.

-¿Qué papel juegan las redes sociales en este nuevo panorama tecnológico? ¿Cómo serán en los próximos años?

Cada vez será más difícil gestionar lo virtual y diferenciarlo de lo real

-Creo que nos acostumbraremos a tratar con redes no humanas. Iremos naturalizando un espacio de relación con modelos inteligentes capaces de ofrecernos aspectos que sean útiles en una vinculación en red. Estamos no muy lejos de que la inteligencia artificial incluida en ordenadores o hardware robótico comience a poder mejorarse a sı́ misma. A ese momento le llamaremos, lo propongo, transformación exponencial o, como dice el concepto aceptado, singularidad tecnológica. Esto, parece ser, sucederá entre 2029 y 2035.

Tiene que ver con todo lo que explico en el libro, pero con una salvedad importante. Yo no incorporo, porque no puedo saberlo, el hecho de que podrıá descubrirse una nueva innovación, desarrollarse una tecnologıá no existente o algo así. Só lo hablamos de lo que sabemos ahora. Es como si en 1998 hubiéramos querido imaginar 2018 con base en lo que existía entonces. Pocos hubieran imaginado Tinder o que Donald Trump iba a ganar unas elecciones gracias a la gestión del big data o algo similar.

Por eso, como humanista, te digo que a pesar que esas redes sociales del futuro, impregnadas de automatismos, tecnología inteligente y captura de datos, sólo será el ‘cómo’ haremos las cosas, no será el ‘porqué’ lo hacemos. Sin duda, tengo claro, que en la Era de las Máquinas, vamos a vivir una explosión de aspectos que en realidad la convertirán en la Era de la Humanidad.

Manuel Moreno

Periodista y director de TreceBits. Experto en Redes Sociales, Internet y Tecnología. Formador y conferenciante. Colaborador en prensa, radio y TV. Autor de cinco libros de Social Media. Más información en manuelmoreno.es

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